Día 25 de diciembre, me dirigí a mi cocina como cada mañana en busca de
mi primer café, cuál fue mi sorpresa al abrir mi despensa que no tenía
ni un grano de café, ni siquiera descafeinado, y yo soy de esas personas
que si no toma esa pócima oscura y fuerte a primera hora, no hay quien
me soporte (ni yo lograría soportarme), así que me calcé mis zapatos,
me enrollé un pañuelo al cuello y me puse mis gafas al estilo Paris
Hilton.
Crucé la calle hacia una cafetería que me llamaba la atención, no por sus luces navideñas ni por sus camareros con gorros a lo papa Noel, sino por su nombre Nespresso y pensé: “seguro que George Clooney y su café acabarán con mi mal humor”. Atravesé la calle riéndome y pensando en qué cosas llevaron a Clooney a hacer aquel anuncio: una cantidad sustanciosa, la belleza de las muchachas que le acompañaban o el café en sí… Allá iba yo a comprobarlo.
He de decir, que el olor despertó mis sentidos aunque no supo despertar lo mismo en mí, su sabor y estuve a punto de mirar al camarero bajo mis gafas y decir “What else?” pero no lo hice. Eso sí, pagué 1.75 € por un café vaya con Clooney y su café de mala muerte.
Mientras volvía a casa pensé que por muy exprés que fuese, si Clooney no está a tu lado para tomarlo y decirte “What else?”, no creo que logre quitarte ese mal humor. Seguía sin entender su éxito, eso sí tenía claro que no radicaba en su café.
Así que siento decirte Clooney, si algún día lees esto, que no será tu café lo que me cautive, ni tampoco sus majestuosas máquinas de diseño innovador. Me quedo con mi cafetera de hierro y mi taza favorita de cada mañana. Ahora sí, si quieres probar buen café a ese invito yo.
Crucé la calle hacia una cafetería que me llamaba la atención, no por sus luces navideñas ni por sus camareros con gorros a lo papa Noel, sino por su nombre Nespresso y pensé: “seguro que George Clooney y su café acabarán con mi mal humor”. Atravesé la calle riéndome y pensando en qué cosas llevaron a Clooney a hacer aquel anuncio: una cantidad sustanciosa, la belleza de las muchachas que le acompañaban o el café en sí… Allá iba yo a comprobarlo.
He de decir, que el olor despertó mis sentidos aunque no supo despertar lo mismo en mí, su sabor y estuve a punto de mirar al camarero bajo mis gafas y decir “What else?” pero no lo hice. Eso sí, pagué 1.75 € por un café vaya con Clooney y su café de mala muerte.
Mientras volvía a casa pensé que por muy exprés que fuese, si Clooney no está a tu lado para tomarlo y decirte “What else?”, no creo que logre quitarte ese mal humor. Seguía sin entender su éxito, eso sí tenía claro que no radicaba en su café.
Así que siento decirte Clooney, si algún día lees esto, que no será tu café lo que me cautive, ni tampoco sus majestuosas máquinas de diseño innovador. Me quedo con mi cafetera de hierro y mi taza favorita de cada mañana. Ahora sí, si quieres probar buen café a ese invito yo.
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