sábado, 22 de septiembre de 2018

La importancia de estudiar lenguas clásicas

A continuación les dejo un artículo interesante sobre las razones por las que son fundamentales conocer y estudiar a los clásicos.
10 razones por las que estudiar griego y latín y sus culturas
El Presidente de la Sociedad Española de Estudios Clásicos, Jesús de la Villa, enumera las claves por las que no deberíamos eliminar de nuestras aulas las lenguas clásicas:
1. Ayudan a conocer mejor nuestra propia lengua: hablamos una forma de latín. El 85% del vocabulario español procede del latín. Un 10% procede del griego. Conociendo la etimología de nuestras palabras y el origen de nuestras construcciones gramaticales dominamos mucho mejor nuestra lengua.
2. Acceso al vocabulario científico y técnico: la práctica totalidad del vocabulario de la técnica y la técnica tiene origen griego (máquina, hidrografía, teléfono, protocolo, microscopio, antibiótico ... ). Se puede conocer el significado de estos términos y entender mejor su función, especialmente para los estudiantes de ciencias.
3Facilita el aprendizaje de otras lenguas: compartimos origen, vocabulario y estructura gramatical con el francés, el italiano, el portugués, etc. Son miles las palabras latinas y griegas en el inglés. La gramática del alemán está en parte formada sobre la del griego, etc.
4Permite conocer el origen y el significado de conceptos básicos de nuestra cultura: filosofía, arte, técnica, democracia, república, monarquía, gobierno. De otro modo, se quedan en simples etiquetas.
5. Proporcionan una educación transversal humanista: los modelos de la actual sociedad democrática, de libertad, de igualdad, de solidaridad, están en los textos y los personajes de la Antigüedad grecorromana.
6. Permiten conocer los elementos compartidos con la tradición ibérica: lo que nos une lingüística y culturalmente con todos los habitantes de la Península Ibérica, desde Portugal a Cataluña, pasando por Galicia y también por el País Vasco son los elementos comunes de origen latino y griego que copartimos. Conocerlos ayuda a cohesionar nuestra sociedad.
7. Nos unen a otros países europeos: son nuestros antecedentes grecorromanos lo que nos permite comprender la profunda unidad de la cultura europea en sus principales valores, del derecho a la tradición científica.
8. Permiten conocer mejor la literatura europea: toda la literatura europea procede de los modelos grecorromanos, desde los géneros literarios a las metáforas. Los primeros poemas épicos, los primeros poemas líricos, los primeros dramas, las primeras novelas son griegas y romanas. Han sido modelo durante siglos y lo siguen siendo de la literatura posterior.
9. Permiten conocer mejor el arte europeo: sería imposible entender los estilos artísticos –románico, gótico, renacimiento, barroco, neoclásico- sin conocer sus modelos grecorromanos. La mitad de las pinturas de una pinacoteca como el Museo del Prado no se entenderían si no conociéramos la Mitología clásica.
10. Permiten conocer las obras y los caracteres de personajes y obras claves de la herencia cultural de la Humanidad: Sófocles, Sócrates, Artistóteles, San Pablo, entre otros muchísimos, hablaban en griego; Cicerón, Virgilio, Augusto, San Agustín y otros muchos hablaban latín. El Nuevo Testamento está en griego; las obras de Descartes y Newton se escribieron en latín.

Artículo extraído de https://www.larazon.es/sociedad/educacion/10-razones-por-las-que-estudiar-griego-y-latin-y-sus-culturas-CA19800200 

martes, 21 de noviembre de 2017

Alguien que escucha


 Comparto en este blog una publicación del pasado domingo realizada por Rosa Montero en su columna del País Semanal. 
Interesante reflexión: Que los libros nos salve la vida.


Los ciudadanos del primer mundo vivimos dentro de un espejismo de seguridad, pero estamos a un paso del abismo. Al menos siempre nos quedarán los libros.
domingo 22 de octubre de 2017. Rosa Montero


ESTOY EN LA PEQUEÑA pero formidable feria del libro de Gaillac, un precioso pueblo francés cercano a Albi. La feria, que dura dos días, está plantada en una plaza, un montón de carpas alegres y blancas. Aquí nos sentamos nada más y nada menos que 70 autores tras nuestros libros (un enorme plantel para una feria así). Por las tardes se anima, pero por las mañanas hace un frío pelón y, mientras nos encaminamos hacia una probable cistitis, nos pasamos horas sin vender un colín. Bueno, exagero: de cuando en cuando se acerca alguien y te compra una novela, y entonces tú te sientes tan agradecida que inmediatamente le pedirías en matrimonio, independientemente de su edad y su sexo. En realidad somos como feriantes de los mercados callejeros, feriantes vendiendo calcetines y bragas de palabras.
Tiene su gracia este regreso a la compraventa más básica, al arte como un modesto exudado de la realidad cotidiana. Hoy en esta plaza de Gaillac ofrezco libros en un puesto como podría ofrecer manzanas, porque ambas cosas nos sirven para mantenernos con vida. Hace dos días me preguntaban en Toulouse si las novelas pueden proporcionarnos salidas y consejos en los momentos de profunda zozobra como el que vivimos (escribo este texto, que tarda dos semanas en imprimirse, un día antes de la supuesta declaración de independencia) y yo contesté que no, si de lo que estamos hablando es de una fórmula de urgencia para vadear la crisis. Uno no escribe para enseñar nada, escribe para aprender, para intentar poner un poco de luz en las tinieblas de lo que somos. El sentido de escribir novelas es la búsqueda del sentido de la existencia, y no podemos traicionar esa ambición pura de conocimiento para dar doctrina, por muy bien intencionada que esa doctrina sea.

Y, sin embargo, no me cabe la menor duda de que los libros nos salvan la vida y nos ayudan, justamente, a sobrellevar los momentos más duros. Decía Camus que el arte en general, y la literatura en particular, era nuestra mayor arma contra el horror. Siempre me ha maravillado esa foto de 1941 de una biblioteca londinense destruida por las bombas nazis. El techo se ha caído, formando una colina de cascotes en mitad de la sala. Pero tres paredes siguen en pie, cubiertas aún de estanterías y de libros, y cuatro hombres están distribuidos por la precaria ruina, mirando los lomos, ojeando algún volumen, absortos en lo que hacen. Podría pensarse que andan buscando algo con lo que evadirse de su situación, pero yo creo que están haciendo justo lo contrario: no leen para olvidar, sino para luchar contra la oscuridad. Porque en la continuidad de los libros y en la complicidad con tantas otras personas que, lejos en el tiempo y en el espacio, apostaron por la sensatez y la convivencia reside la esperanza de un futuro luminoso pese a todo. La larga trenza que a lo largo de los siglos formamos los lectores y los escritores (que también somos lectores) es la cuerda que nos saca del pozo.
Los ciudadanos del llamado primer mundo vivimos dentro de un espejismo de seguridad. Nos creemos tan a salvo de todo que a veces hasta nos pensamos inmortales, cuando lo cierto es que la realidad es un tembloroso castillo de naipes, un reflejo en el agua que una simple piedra puede destruir. Mientras escribo esto, mis amigos de la hermosa isla de Puerto Rico llevan tres semanas sin luz en un 90% de la población, sin agua potable en un 65%. El huracán María abrasó la isla como un fuego; no queda ni una hoja, ni un verdor; la gente vive entre las ruinas sin techo de sus casas, expuesta a las enfermedades, el hambre, la sed, la inseguridad. Es como un ensayo general del apocalipsis. El mundo conocido puede desaparecer en un segundo, por un soplido de ogro de la naturaleza o por un despertar del monstruo interior, como sucedió en Yugoslavia, cuando viejos y amables vecinos comenzaron a sacarse literalmente las tripas los unos a los otros. Vivimos a un paso del abismo.
Por eso me conmueve esta preciosa y pequeña feria con su empeño de encender de palabras la oscuridad. Porque en lo peor de la noche siempre nos salva la poderosa magia que los libros encierran, a saber: alguien que necesita compartir y alguien que escucha.

sábado, 18 de noviembre de 2017

“What else?”

A continuación dejo relato breve que escribí hace unos años. George Cloony era parte de la historia.

Día 25 de diciembre, me dirigí a mi cocina como cada mañana en busca de mi primer café, cuál fue mi sorpresa al abrir mi despensa que no tenía ni un grano de café, ni siquiera descafeinado, y yo soy de esas personas que si no toma esa pócima oscura y fuerte a primera hora, no hay quien me soporte (ni yo lograría soportarme), así que me calcé mis zapatos, me enrollé un pañuelo al cuello y me puse mis gafas al estilo Paris Hilton.
Crucé la calle hacia una cafetería que me llamaba la atención, no por sus luces navideñas ni por sus camareros con gorros a lo papa Noel, sino por su nombre Nespresso y pensé: “seguro que George Clooney y su café acabarán con mi mal humor”. Atravesé la calle riéndome y pensando en qué cosas llevaron a Clooney a hacer aquel anuncio: una cantidad sustanciosa, la belleza de las muchachas que le acompañaban o el café en sí… Allá iba yo a comprobarlo.
He de decir, que el olor despertó mis sentidos aunque no supo despertar lo mismo en mí, su sabor y estuve a punto de mirar al camarero bajo mis gafas y decir “What else?” pero no lo hice. Eso sí, pagué 1.75 € por un café vaya con Clooney y su café de mala muerte.
Mientras volvía a casa pensé que por muy exprés que fuese, si Clooney no está a tu lado para tomarlo y decirte “What else?”, no creo que logre quitarte ese mal humor. Seguía sin entender su éxito, eso sí tenía claro que no radicaba en su café.
Así que siento decirte Clooney, si algún día lees esto, que no será tu café lo que me cautive, ni tampoco sus majestuosas máquinas de diseño innovador. Me quedo con mi cafetera de hierro y mi taza favorita de cada mañana. Ahora sí, si quieres probar buen café a ese invito yo.

jueves, 16 de noviembre de 2017

En la punta de la lengua

Existe un tipo de palabras, que en ocasiones se nos quedan (como solemos decir) en la punta de la lengua....Por eso adjunto un artículo del Confidencial publicado hoy que lo explica muy bien.

https://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2017-07-02/encontrar-palabra-que-tienes-en-la-punta-de-la-lengua_1398706/y

lunes, 13 de noviembre de 2017

Sor Juana Inés de la Cruz

A una Rosa

Rosa divina, que en gentil cultura
Eres con tu fragante sutileza
Magisterio purpúreo en la belleza,
Enseñanza nevada a la hermosura.

Amago de la humana arquitectura,
Ejemplo de la vana gentileza,
En cuyo ser unió naturaleza
La cuna alegre y triste sepultura.

¡Cuán altiva en tu pompa, presumida
soberbia, el riesgo de morir desdeñas,
y luego desmayada y encogida.

De tu caduco ser das mustias señas!
Con que con docta muerte y necia vida,
Viviendo engañas y muriendo enseñas.



Aquí dejo un texto de Sor Juana Inés de la Cruz que me resulta interesante y adjunto un artículo publicado hoy sobre su vida y obra.


https://elpais.com/cultura/2017/11/12/actualidad/1510492770_526224.html

domingo, 12 de noviembre de 2017

El aula, un espacio de imaginación. César Bona

César Bona presenta una serie de recursos, nuevas metodologías, etc.
Ponerle no sólo imaginación a la enseñanza sino también a la vida.
https://www.pinterest.es/pin/414542340683282330/

El Latín, idioma fundamental de la cultura europea

Navegando por la red encontré un artículo que trasladé al aula.
Se me ocurrió usarlo porque una alumna días atrás me dijo que un conocido le había dicho: "¿para qué sirve el Latín si es una lengua muerta?" sin saber que quizá, anteriormente, había utilizado expresiones del tipo "a priori, ultimatum, etc." en diversos comentarios previos a su pregunta.
Aunque el artículo no reviste dificultad quise usarlo para que mis alumnos entendiesen que aprender latín no es memorizar tablas o expresiones alejadas de la realidad, sino que el latín está presente en nuestro día a día.
Aquí dejo el artículo:

https://elpais.com/cultura/2017/02/08/actualidad/1486573775_868895.html